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  • Christian Lesko y su introducción al arte visual

    Definido en dos palabras: hombre de mundo. Christian Lesko nació en Estados Unidos en el seno de una familia multicultural, compuesta por rasgos costarricenses, eslovacos y norteamericanos. De niño vacacionar en Costa Rica le parecía una gran aventura, ¿y cómo no? destaca él, si era pasar de una selva de concreto a una en la que los monos y los jaguares brincan de los libros a la realidad. Razón por la que desde una corta edad su apertura cultural se vio influenciada por múltiples regiones, especialmente la centroamericana, a la cual le tomó cariño.

    Su acercamiento al arte se dio gracias a sus padres, quienes le inculcaron el amor por la música; sin embargo, la entrega a dicha disciplina decayó cuando él ingresó a la Universidad a estudiar biología y botánica, algo que como nos comentó significó una carencia importante en su ser. Al culminar sus estudios tras varios intentos fallidos por consolidarse como músico viajó por América Central, viviendo en zonas rurales, cerca de la naturaleza y de las manifestaciones culturales de los pueblos que habitan en ellas.

    La afinidad por el arte se encontraba latente, sin embargo sus sueños de convertirse en músico habían quedado rezagados, y fue estando en Honduras que descubrió una nueva concepción artística. Ahí conoció a Jorge Iván Retrepo, quien lo introdujo a las maravillas del arte visual; detonador para que iniciara su exploración en esta rama de Centroamérica. Un viaje que además le hizo ver la riqueza arquitectónica que sobresalía como forma de historia en estos países.

    Posteriormente regresó a Costa Rica y notó que el casco capitalino, mismo sector en el que él hizo skateboard durante su juventud, estaba sufriendo grandes transformaciones, en palabras de él “la gente no solo decía que San José era feo, sino que también estaba demoliendo esos rastros del tiempo grabados en la arquitectura que le vio desarrollarse”. Ante ello decidió tomar acción, frenar este proceso y detener el tiempo mediante la restauración de casas consideradas como antiguas. Los Barrios Otoya, México y Aranjuez se convirtieron en sus principales objetivos, zonas cuya población estaba dejando de habitar al considerarlas inseguras por la ola criminal.

    A pesar de que la intención de Christian era mezclar estas estructuras con el carácter verde que también ama, los obstáculos por parte de los vecinos se hacían presentes durante todo el proceso. En esta línea él recuerda que muchas veces sus proyectos fueron frenados debido al temor que tenía la comunidad. Sin embargo, fiel a sus convicciones y objetivos, continuó con los distintos procesos, sin darse cuenta que sumado a su aprecio por el arte, evolucionaría en dos proyectos que hoy son cuna cultural del país: satis.FACTORY y la galería Veinti4/Siete.

    Espacios que mediante la promoción del arte apuestan por generar más arte, mientras se reactiva San José; en sí dos puntos comerciales que cumplen la función de respaldar al artista centroamericano tal como a Christian le hubiese gustado ser apoyado. “La gente dice que en San José no hay nada que hacer, y con estos espacios buscamos cambiar la concepción. Desde convocatorias abiertas para que los nuevos artistas puedan mostrar su trabajo hasta la visualización del talento proveniente de otros países de la región” destaca. En cuanto al carácter comercial de estos puntos de contacto, él señala que su importancia radica en que gracias a este elemento se puede potenciar la rentabilidad del área… “si no le puedo pagar al artista de alguna forma, ese artista tiene más dificultades de perpetuar su arte y por ende dejará de dedicarse a este para buscar otro medio para vivir”.

    Texto por Juan Rojas Alpízar / Fotografías por Juan Caliva