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  • “Para ser artista hay que provocar”

    ¡Soñador y visionario! En palabras de él un niño en un cuerpo de adulto, cuya tarea es cambiar al mundo a partir de ambientes fantásticos y únicos, los cuales estimulan todos los sentidos de quienes interactúen en él, generando reacciones. “Darles ese estímulo a través de mi trabajo, es siempre el objetivo” afirma.

    Su amor por el arte y el diseño se desarrolló gracias a la exposición cultural que tuvo desde muy joven, mismo que lo convirtió en un provocador. “Para ser artista hay que provocar, tocar esos botones que la gente no puede activar porque no tienen el estímulo y con ello hacerlos vivir algo único” señala Esteban, quien no teme irrumpir en los esquemas para generar un cambio en el ambiente y voltear las miradas hacia su arte, después de todo con este él busca provocar cuestionamientos, sensaciones y sobre todo, experiencias.

    Algo que lo llevó a fundar Design Lab, empresa mediante la cual busca sorprender con espacios y proyectos que no solamente sean únicos sino también altamente creativos, esto porque él es fiel a que el espacio afecta a las personas en múltiples formas. “Pienso que cada persona es un universo entero por descubrir y mi diseño es uno de los procesos para materializar dichos universos” comenta; una tarea que no siempre es sencilla puesto que aunque su creatividad maquine 24 horas al día, en ocasiones esta supera las posibilidades y aparecen las limitaciones. Punto en el que inicia el diálogo entre el proyecto del imaginario y la realidad con el fin de su satisfacción y la de sus clientes, así como personas que harán de este su mundo de convivencia.

    “El diseño del entorno afecta directamente las emociones, sensaciones y psicología de las personas que lo frecuentan, por eso generar espacios out of the box (o fuera de la caja) hace que este inspire e influya las actividades diarias, generando resultados inigualables” destaca este innovador, quien además hace un llamado a mantenerse siempre alerta, pues como el señala la creatividad es parte de la vida y está directamente ligada con la curiosidad y el buscar los detalles extraordinarios en lo cotidiano: desde el semáforo de la esquina hasta en un paseo dentro del supermercado, o una caminata tranquila por el parque. Después de todo para Esteban Salazar -quien mantiene su mirada y atención constante en lo que no hay- vivir del arte en Costa Rica sí es una posibilidad, siempre y cuando se haga de este una disciplina.

     

     

    Texto por Juan Rojas Alpízar / Fotografías por Juan Calivá