Traffic | La epifanía del sueño latinoamericano
32376
post-template-default,single,single-post,postid-32376,single-format-standard,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-content-sidebar-responsive,qode-theme-ver-11.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.0.1,vc_responsive
  • La epifanía del sueño latinoamericano

    El concepto de sueño estadounidense se remonta al siglo XVI, en el que pioneros ingleses intentaron persuadir a los ciudadanos de su país de migrar a las colonias británicas en América del Norte; su idioma y promesas, se extendieron por años alrededor del mundo, con un especial impacto en los países latinoamericanos. Esta ideología creó un fenómeno migratorio hacia el país del norte, para hacer realidad el famoso sueño americano, el cual era compartido por millones; una riesgosa decisión que basaba su ser en buscar una mejor calidad de vida, alejarse de la pobreza, violencia y desigualdad presente en la mayoría de territorios de Latinoamérica y elegir por el contrario la migración como respuesta a un futuro mejor.

    Una parte del sueño americano es esa movilidad social en la que naces sin recursos, trabajas duro y llegas a tener dinero… por ende una vida segura y estable ¿no? Suena como una ecuación lógica. Por ejemplo, para un trabajador el sueño puede ser conseguir un empleo digno, comprarse una casa, un auto o quizá poder llevar a sus hijos a una mejor escuela. Pero gracias a contextos políticos y decisiones del actual Gobierno norteamericano, en cuanto a políticas migratorias (cada vez más excluyentes), se ha generado como resultado una reflexión seria, no solo de los que en algún momento tuvieron la aspiración de migrar, sino también de los que ya vislumbran su futuro viviendo nuevamente en sus países de origen por la situación actual tensa y en ocasiones hasta hostil, hoy esta tan “anhelada” posibilidad es una realidad… y tal vez ¿hasta la más sensata?.

    Miguel de Cervantes dijo alguna vez “los peores enemigos a los cuales debemos combatir principalmente, están dentro de nosotros, los límites, los obstáculos que se interponen en nuestra búsqueda de la felicidad están solo en nuestra mente.” Y es que, la búsqueda de un mejor futuro es aquél combustible que ha alimentado por años los anhelos de los latinos. Algunos visualizaban su superación en lejanas fronteras, pero poco a poco este término tan anglosajón ha ido mutando a uno más propio, más nuestro y se ha transformado así en un sueño latinoamericano, en el que las ansias de desarrollarse nunca se detienen, un impulso imparable que busca esa confianza para cumplir sueños, aunque el ambiente no sea prometedor, pero si prospero.

    Cada vez es menos común “tengo que ir fuera para lograrlo” ese empoderamiento de personas emprendedoras en ámbitos tan diversos como el mercado alimenticio o el diseño; desde la industria textil hasta la medicina, entretenimiento, el arte o la cultura aparecen como espacios que cada vez tienen más expositores en Latinoamérica. Un cambio lento pero seguro en la mentalidad de la sociedad latinoamericana, una forma de pensar que considera el espacio próximo como útil para poder crear una mejor calidad de vida, que ve el potencial de su comunidad, de su talento personal, que encuentra la forma de poder invertir en un pequeño negocio. Este cambio en la ideología casi ancestral de ser empleado, poco a poco se ha debilitado con la aparición de líderes que buscan también poder ser su propio jefe, nuevas PYMES que florecen como medio de desarrollo para familias y comunidades. Áreas como turismo, medicina, moda, arte y cultura son solo algunas de las que en la última década han dado espacio a nuevos nichos de trabajo.

    El turismo de salud por ejemplo es uno de los sectores que definitivamente ha crecido en los últimos diez años en toda la región latinoamericana. “Brasil, México y Colombia lideran este tipo de turismo en la región, según el Reporte Mundial en Tendencias de Viaje 2012/2013 (ITB), debido a su proximidad con E.E.U.U, los bajos costos y la acreditación internacional que tienen sus profesionales.” El estudio destacó además que las tasas de cambio, los climas tropicales y la presencia de profesionales bilingües han permitido un crecimiento cercano al 20% de esta industria en América Latina, de acuerdo con los comparativos realizados por el IPK World Travel Monitor. “Los países latinoamericanos son grandes receptores de turismo médico y mercado mueve entre US$ 38,5 y US$ 55 mil de millones anualmente” Patients Beyond Borders. Esta publicación afirma también que gasto individual aproximado por paciente es de US$ 3,500 a US$ 5 mil (por visita). Un mercado nada despreciable que busca tratamientos y procedimientos médicos con mejor costo, ha creado una demanda internacional en la que se buscan los mejores procedimientos de medicina preventiva, estética y especializada. Acompañadas por experiencias turísticas y recuperación post operatoria, todo esto basado en las riquezas naturales, especialización médica y comodidades que cada país ofrece.

    Para Raúl Posada del Centro Europeo de Postgrado y Empresa (CEUPE): “En América Latina la estrategia de marca-país ha surgido como iniciativa gubernamental”. En un principio esta estrategia estaba asociada exclusivamente a campañas para incentivar el turismo, pero poco a poco “comparten una filosofía de branding integradora”, que involucra otras áreas y que funciona como fomento de las exportaciones y la inversión extranjera. En un mundo globalizado, es el uso de la publicidad y el trabajo de una perspectiva mercadológica de una marca país conjunta de todos los países de la región, la que proyectará el patrimonio cultural e histórico, tradiciones, recursos naturales, gastronomía y valores de la región. Esto a su vez funcionará para posicionarnos dentro de la competencia internacional para ser un destino en áreas de consumo como turismo, entretenimiento, vivienda o salud.

    Una de estas ventanas publicitarias es la que ofrece y aprovecha la industria de la moda, con repercusiones en medios de comunicación masivos alrededor del mundo y redes sociales, es información útil para acercarnos al mundo y ofrecer exposición al diseño y propuestas autóctonas. En el pasado era utópica una plataforma propia como lo son las semanas de la moda, hoy en día están presentes en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, y Perú, creando noticias frecuentes en revistas internacionales destinadas a moda que al final se convierten en exposición y son materia prima para la apertura de nuevos mercados.

    Cada vez son más las empresas que deciden establecer células de trabajo en diversas localidades de Latinoamérica esto debido a que América Latina aún se piensa como una región aún poco explorada, pero con altos índices de crecimiento, entre un 4 y 7%, combinado con inflaciones muy acotadas del orden del 3 al 5%. Un reporte del International Finance Corporation del Banco Mundial, también indica que América Latina y el Caribe han reformado su entorno regulatorio para las empresas, dicho objetivo se logró gracias a la adopción de “reformas más comunes a nivel global, implementadas para hacer más fácil abrir un negocio y pagar impuestos”, esto se convierte definitivamente en un entorno atractivo para un mejor estilo de vida tanto de locales como de extranjeros.

    En otro extremo; expresiones artísticas como el diseño, la cultura o el arte, también muestran que poco a poco se avanza en ese sueño de ver Latinoamérica, no solo como nuestra tierra natal sino también como nuestra tierra –y hogar- anhelado. Ese deseo se plasma en la escena artística que identifica a la sociedad, la que también muestra su estilo de vida y la forma en la que se ve a sí misma, son las razones más importantes de reconocer los logros en estos campos, ya que al arte y la cultura son una introspección innegable a nuestra identidad.

    Algunos de los premios más destacados y que funcionan como propulsores de arte a la sociedad, funcionan también como apoyo a las carreras de artistas desconocidos en la región y el reconocimiento de los mejores profesionales en letras, arte y cultura. Entre los galardones más destacados está El Premio Goya (de La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España) el cual condecora a la mejor película iberoamericana, los mejores profesionales y especialidades del sector. El Premio Gabriel García Márquez de Periodismo: A la labor periodística más resaltable y que es otorgado por La Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) con el objetivo de ofrecer un galardón para incentivar la búsqueda de la excelencia, la innovación y la coherencia ética por parte de periodistas, medios que trabajen y publiquen en las lenguas española y portuguesa, en los países de las Américas (incluyendo Estados Unidos y Canadá) y la península ibérica.

    El Premio Velázquez de Artes Plásticas; creado por el Ministerio de Cultura de España en reconocimiento a los méritos en cualquier manifestación de las artes plásticas. Este premio es el equivalente dentro de las artes plásticas al Premio Cervantes de literatura. O bien los no menos importantes Premios ALBA, auspiciados por el Fondo Cultural de la Alternativa Bolivariana para las Américas y se da en dos categorías: Artes y Letras, a creadores que hayan realizado obras que engrandecen el patrimonio cultural de América Latina y el Caribe.

    Estas son solo algunas áreas de ejemplo de cómo nuestro perfil en muchas profesiones, oficios y empleos, recorre un terreno fértil y la especialización en distintas áreas, es la clave. Esto sumado a un cambio en esa mentalidad de soñador latinoamericano, que poco a poco construye su futuro más allá de una idealización ilusoria, más allá de tener un mejor sueldo o disfrutar de un subjetivo: mejor estilo de vida. Es ese despertar a una conciencia y razón en la que el desarrollo o el éxito pese, no puede ser un logro individual y menos egoísta. Es una realidad próspera para todos creada a partir de pequeñas decisiones, algunas tan minúsculas como utilizar productos producidos en nuestra comunidad o preferir el diseño local antes de adquirir una prenda de alguna cadena de fast fashion internacional.

    Y es que, solo tenemos que levantarnos cada día prestando atención a todo lo que nos rodea, desde nuestra ropa, lo que usamos, hasta los alimentos que complementan nuestra dieta, son productos en los que invertimos nuestro dinero, sin detenernos a pensar cuántos de ellos son locales o a cuántos de ellos puedo incorporar por calidad y lógica a mi estilo de vida. No es crear una forma de pensar gregaria en la que obviemos el producto extranjero, eso está claro. Pero solo vislumbrando un horizonte común con el que nos guiemos en nuestro desarrollo como región es que podremos llegar a esa “anhelada mejor vida”, en la que el apoyo local tiene que estar presente, sin él, pequeños y medianos productores nunca podrían surgir, oportunidades de empleo no se generarían, y giraríamos en torno a una ilusión americana que ya vive sus últimos suspiros.

    Desde un pequeño taller de confección que solventa necesidades de pequeñas familias, pasando por escoger entre una cafetería versus un restaurante de comida rápida, son pequeñas decisiones que si las analizamos con cuidado; crean una repercusión clara en nuestro entorno. Tener oferta de producto extranjero como generar una demanda de producto local es necesario para un desarrollo equilibrado. Es por esto que, como sociedad latinoamericana cada logro, nos concierne a todos, el apoyarnos como sociedad es vital y será a futuro un beneficio común; son las oportunidades que generarán más oportunidades de desarrollo. Es vislumbrar como latinoamericanos un futuro más allá de mejores bienes materiales, sino más bien de un orden en la sociedad, en el que cada hombre y cada mujer puedan alcanzar todo lo que se propongan, sin importar su clase social, ese será el estandarte de la realización de ese destino en la tierra que nos vio nacer. Un efecto dominó que sedimentará un futuro próspero, mientras nuestros pilares de desarrollo se alejen del racismo, desigualdad social y violencia que tanto le costó al ya muy conocido sueño americano. Y podamos ser en cambio el precursor de la epifanía de un real “sueño latinoamericano.”

     

    Texto por Dalo Araya.