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  • De conciencia ambiental y pandemias

    De conciencia ambiental y pandemias

    Por CARLOS CORDERO VEGA

    Director Secretaría de Planificación Sectorial de Ambiente

    MINISTERIO DE AMBIENTE Y ENERGÍA DE COSTA RICA

    En la historia moderna existen registros de enfermedades altamente contagiosas y extendidas por vastos territorios en diferentes lapsos. Una de las más duraderas y conocidas fue la Peste Bubónica o la también llamada “Peste Negra”, cuyo origen se asocia a los de roedores y pulgas, la cual, en su tercera pandemia, se prolongó por más de un siglo (1855-1959) y se estima que acabó con la vida de 12 millones de personas, extendiéndose a lo largo de los 5 continentes.

    Más recientemente se puede mencionar la Gripe Española relacionada con cepas de virus en las aves, una de las más severas en cuanto a salud pública. Actualmente, la Organización Mundial de la Salud dictamina como pandemia la variante de Coronavirus llamada Covid-19 (Coronavirus Disease 2019).

    Las medidas de higiene y la zoonosis (transmisión de enfermedades entre animales y humanos), son el denominador común entre muchas de las enfermedades que nos afectan en la actualidad. Gripe Aviar, Fiebre Porcina, VIH relacionado a los monos, Ébola y Covid-19 relacionados ambos a los murciélagos, son solamente algunos de los ejemplos.

    En algunas culturas, el contacto del humano con la vida silvestre aún sigue siendo tan orgánico que se omiten precauciones básicas que evitarían nuevos episodios de zoonosis. En nuestro país, por cuestiones culturales y por tener un extenso marco legal que regula la comercialización, consumo y protección de animales categorizados como vida silvestre (Ley de conservación de la vida silvestre N°7317), se ha mantenido controlado el consumo humano de especies prohibidas por ley, que podrían representar un riesgo para la salud humana y para la estabilidad de los ecosistemas.

    Y es que tal vez, en el contexto actual de globalización y flujos elevados de movilización entre países, las trilladas frases como: “todos somos uno” o “pequeñas acciones, grandes cambios”, nunca tuvieron tanta validez como cuando indiferentemente de nuestro lugar de origen, posibilidades económicas, creencias religiosas, etnia o género, nos sentimos impotentes ante factores externos que nos obligan a solucionarlo juntos.

    Las aves se escuchan de nuevo en la controversial ciudad de Wuhan en la lejana China, mientras las aguas de los canales de la romántica Venecia se aclaran y pierden su fotografiado aspecto turbio. El mapa mundial de emisiones de dióxido de carbono parece por primera vez dar una tregua al saturado aire de las grandes urbes y a los pulmones de sus habitantes, paradójicamente amenazados por cuadros respiratorios graves por la pandemia, pero agradecidos por la pausa del frenesí industrial que no daba señas de detenerse ante nada.

    Pareciera que la vida silvestre del planeta retorna con facilidad a los espacios hoy silenciados y vacíos por cuarentenas obligatorias, casi como un recordatorio de nuestra fragilidad y un reclamo hacia nuestra inconciencia ambiental, estableciendo un informal pero firme estatuto de respeto, de enseñanza, de resiliencia y de aprender a convivir de manera sostenible y amigable con el resto de las especies con las que compartimos este maravilloso planeta.